Ordinary Time, Summertime, and the Sabbath

Dear brothers and sisters in Christ:

 

      Two weeks ago, the Easter season came to a conclusion at the end of Pentecost Sunday. In the liturgical calendar, we return to what is known as “ordinary time.” However, for the next two post-Pentecost Sundays we celebrate special solemnities that enrich our re-entry into ordinary time: the Solemnity of the Most Holy Trinity (June 12) and the Solemnity of the Body and Blood of our Lord Jesus Christ (June 19). These “bonus” feast days are a nice transition as we conclude Easter and welcome summertime.

      For me, this coming week feels like a new liturgical time as we move on from these feasts, coinciding with the first official days of summer. How should we approach these days of transition? By resting in the Lord spiritually and allowing ourselves to be rejuvenated by the summer warmth and perhaps some vacation time.

      Ordinary time does not lessen our obligation to participate in Sunday Mass. Nor does summer mean a vacation from the practice of the faith. Summer can help us reset the importance of our spiritual lives, reminding us that while we might take some “rest” from work, we can use the time to savor the Lord’s Day more fully:

     God's action is the model for human action. If God "rested and was refreshed" on the seventh day, man too ought to "rest" and should let others, especially the poor, "be refreshed." The sabbath brings everyday work to a halt and provides a respite. It is a day of protest against the servitude of work and the worship of money. (Catechism of the Catholic Church 2172)

      My prayer is that this summer we will all have some time of genuine rest and renewal. Rest in the Lord’s goodness. Savor the many blessings we have been given. This experience should lead us to remember the primacy of our Sunday Mass obligation of the Lord’s Day:

     The Sunday celebration of the Lord's Day and his Eucharist is at the heart of the Church's life. “Sunday is the day on which the paschal mystery is celebrated in light of the apostolic tradition and is to be observed as the foremost holy day of obligation in the universal Church." (Catechism of the Catholic Church 2177)

      Our human nature can resist being told we have an “obligation,” but the Lord’s Day and the Sunday obligation are blessings that anchor our spiritual lives.

      As you may be aware, before entering the seminary I graduated from law school and practiced law for a few years. As a law school student, the demands of study (particularly in the first year) were intense and almost all consuming. In response to that, I adopted a practice that, with few exceptions, I would take Sunday as a “free day” from the all-consuming routine of study. It was difficult at first to take that pause, but I realized I needed it and if I didn’t have regular time where I could re-focus, I would lose focus. The Lord’s Day and Sunday Mass can help us keep first things first.

      As the warmth of summer comes upon us, let’s be recommitted to placing God at the center of our lives, resting in His love for us, and sharing that love with others. Enjoy some “downtime” from the many preoccupations we have, and savor the Lord’s goodness.

 

Your servant,

Most Reverend Robert J. McClory

Bishop

Diocese of Gary

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El tiempo ordinario, el verano y el sábado (Dia del Señor)

 

Queridos hermanos y hermanas en Cristo:

      Hace dos semanas, el tiempo de Pascua llegó a su fin al finalizar el domingo de Pentecostés. En el calendario litúrgico, volvemos a lo que se conoce como "tiempo ordinario". Sin embargo, durante los dos próximos domingos posteriores a Pentecostés celebramos solemnidades especiales que enriquecen nuestra reentrada en el tiempo ordinario: la solemnidad de la Santísima Trinidad (12 de junio) y la solemnidad del Cuerpo y la Sangre de nuestro Señor Jesucristo (19 de junio). Estos días de fiesta "extra" son una buena transición al concluir la Pascua y dar la bienvenida al verano.

      Para mí, esta próxima semana se siente como un nuevo tiempo litúrgico al pasar de estas fiestas, coincidiendo con los primeros días oficiales del verano. ¿Cómo debemos afrontar estos días de transición? Descansando espiritualmente en el Señor y dejándonos rejuvenecer por el calor del verano y quizás por algún tiempo de vacaciones.

      El tiempo ordinario no disminuye nuestra obligación de participar en la misa dominical. Tampoco el verano significa unas vacaciones de la práctica de la fe. El verano puede ayudarnos a restablecer la importancia de nuestra vida espiritual, recordándonos que, aunque podamos tomarnos un "descanso" del trabajo, podemos aprovechar el tiempo para saborear más plenamente el Día del Señor:

      La acción de Dios es el modelo para la acción humana. Si Dios "descansó y se refrescó" en el séptimo día, también el hombre debe "descansar" y debe dejar que otros, especialmente los pobres, "se refresquen". El sábado detiene el trabajo cotidiano y proporciona un respiro. Es un día de protesta contra la servidumbre del trabajo y el culto al dinero. (Catecismo de la Iglesia Católica 2172) 

      Mi oración es que este verano todos tengamos un tiempo de auténtico descanso y renovación. Descansar en la bondad del Señor. Saboreemos las bendiciones que se nos han concedido. Esta experiencia debería llevarnos a recordar la primacía de nuestra obligación de la Misa dominical del Día del Señor:

      La celebración dominical del día del Señor y de su Eucaristía está en el centro de la vida de la Iglesia. "El domingo es el día en que se celebra el misterio pascual a la luz de la tradición apostólica y debe observarse como el principal día santo de precepto en la Iglesia universal". (Catecismo de la Iglesia Católica 2177)

      Nuestra naturaleza humana puede resistirse a que se nos diga que tenemos una "obligación", pero el Día del Señor y la obligación dominical son bendiciones que anclan nuestra vida espiritual. 

      Como ya sabrán, antes de entrar en el seminario me gradué en la Facultad de Derecho y ejercí la abogacía durante algunos años. Como estudiante de la facultad de Derecho, las exigencias de los estudios (sobre todo en el primer año) eran intensas y casi agotadoras. En respuesta a eso, adopté la práctica de que, con pocas excepciones, tomaría el domingo como un "día libre" de la rutina de estudio que lo consumía todo. Al principio fue difícil hacer esa pausa, pero me di cuenta de que la necesitaba y de que, si no tenía un tiempo regular en el que pudiera volver a concentrarme, perdería la concentración. El Día del Señor y la Misa dominical pueden ayudarnos a mantener lo primero.

      Mientras llega el calor del verano, volvamos a comprometernos a poner a Dios en el centro de nuestras vidas, a descansar en su amor por nosotros y a compartir ese amor con los demás. Disfrutemos de un "tiempo de descanso" de las preocupaciones que tenemos, y saboreemos la bondad del Señor.

 

Tu siervo,

Reverendísimo Robert J. McClory

obispo

Diócesis de Gary

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