Saturday May 25, 2019
5:50 pm

Al terminar el año de Iglesia, necesitamos a Jesús como nuestra principal prioridad

Este fin de semana, la última de este año de Iglesia, celebramos la Solemnidad de Nuestro Señor Jesucristo, Rey del Universo. Este domingo también marca el final del Año de la Fe que se inició el 11 de octubre de 2012, el 50 aniversario de la comenzada del Concilio Vaticano II.


La Solemnidad de Cristo el Rey este domingo es un recordatorio para todos nosotros que todas las cosas fueron creadas en el principio a través de Cristo y por Cristo. Jesús es el Señor de todos. El desafío para cada uno de nosotros es mantener a Jesús como Señor en nuestros corazones, que lo sitúan como la primera prioridad en nuestras vidas y nuestras decisiones con referencia a Jesús.


Jesús, verdadero Dios, se convirtió en uno de nosotros en todas las cosas menos pecado para enseñarnos que Dios es amor, que Dios desea una relación amorosa con cada uno de nosotros, y que Dios ha destinado a cada uno de nosotros para un eterno amante de unión con él mismo. El objetivo del Año de la Fe fue para que poder crecer en relación amorosa con Jesús y a través de él, con el Padre y el Espíritu Santo. Nuestra fe católica es más que y diferentes de un código moral. Es más que y diferentes de una serie de requisitos y leyes. Es, ante todo, una relación amorosa con Jesús que dura a través de la vida y la muerte.


Como católico, no debe haber nada más importante para nosotros que para crecer en nuestra relación con el Señor Jesús. Él nos enseña cómo expresar nuestro amor por el Padre. Él nos enseña la importancia de compartir el amor de Dios con nuestro vecino.


En la última cena, Jesús habló sobre su deseo de unión con nosotros utilizando la metáfora de la vid y los sarmientos. "Permanezcan en mí como yo permanezco en ustedes. Al igual que una rama no puede llevar fruto por sí mismo si no permanece en la vid, así tampoco puede si permanecen en mí. Yo soy la vid y ustedes son las ramas. Quien permanece en mí y yo en él o ella llevará mucho fruto, porque sin mí no puedes hacer nada"(Jn 15:4-5).


Más tarde en la última cena, Jesús habló acerca de la calidad de nuestra unión con él. Él dice: "Como el Padre me ama, así los amo. Permanezcan en mi amor. Si guarden mis mandamientos, permanecerán en mi amor, así como yo he guardado los mandamientos de mi Padre y permaneczo en su amor"(Jn 15:9-10).


Dios nos creó a su imagen y semejanza. Él destinó a nosotros para vivir con su vida y en su amor hasta ahora durante nuestra peregrinación en la tierra y para siempre en la vida eterna. Tenemos experiencia de verdadera paz y gozo real cuando nos regimos en su amor. Jesús nos asegura que: "Yo he dicho esto para que mi gozo sea en uds. y su gozo sea completo" (Jn 15:11).


Como este Año de la Fe y este año de la Iglesia llega a su fin, nos va bien para preguntarnos si tenemos a Jesús como rey y señor en nuestros corazones. También podemos tomar más tiempo de calidad para nutrir nuestra relación con Jesús y a través de él con el Padre y el Espíritu Santo en la oración. En verdad, Jesús es nuestra esperanza y la fuente de nuestra alegría.


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Mientras que el primer mandamiento es amar al Señor, nuestro Dios, con todo nuestro corazón, mente, alma y todas nuestras fuerzas, el segundo es semejante: a amar a nuestro prójimo como a nosotros mismos. Este fin de semana, la Campaña Católica para el Desarrollo Humano (CCHD) se lleva a cabo en todas las parroquias de nuestro país. Nos brinda una manera muy práctica para manifestar amor por nuestro prójimo, especialmente los que viven en la pobreza.


Los obispos de Estados Unidos establecieron la CCHD en 1969 con el objetivo de llevar a cabo el Evangelio de Jesús a dar buenas noticias a los pobres. La CCHD trabaja para romper el ciclo de la pobreza ayudando a personas de bajos ingresos a participar en las decisiones que afectan sus vidas, familias y comunidades. Ayuda a nosotros los católicos en los Estados Unidos para practicar lo que predicamos sobre la dignidad y la vida humana, la justicia social y económica, solidaridad y el común bien.


CCHD es un complemento a la misión de asistencia directa de Caridades Católicas y otros programas de ayuda de emergencia de la Iglesia. Se pretende hacer cambios a largo plazo en las condiciones económicas de las comunidades mediante el apoyo a organizaciones que causa la dirección de la raíz de la pobreza, como el racismo, el desempleo y la falta de educación y oportunidades económicas. Animo a su generosidad.

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