Tuesday July 23, 2019
8:07 pm

Prácticas cuaresmales nos ayudan a reorientar nuestra vocación como discípulos de Jesús

El miércoles comenzamos el santo tiempo de Cuaresma. Es un regalo que Dios nos da para un doble propósito: orar por y alentar a quienes será recibido en la iglesia en la vigilia de Pascua y a arrepentirnos de nuestro propio egoísmo y el pecado para que podamos vivir más plenamente en respuesta al amor de Dios como discípulos de Jesús y miembros de su Cuerpo viviente.


Al escribir a los Corintios, San Pablo recuerda: "No son conscientes de que son el templo de Dios, que el espíritu de Dios mora en ustedes ... Porque el templo de Dios es santo y ustedes son ese templo."


A través de nuestro bautismo, nuestros pecados fueron perdonados y nos convertimos en hijos de Dios. Fuimos partícipes de la vida y el amor de Dios, miembros del Cuerpo de Cristo, coherederos con él de la vida eterna.


En el ajetreo de la vida cotidiana, es fácil olvidar quiénes somos y quién somos, nuestra dignidad y nuestro destino. Con demasiada facilidad nos atoramos en el espíritu del mundo y la importancia excesiva que coloca sobre nuestro trabajo, papel, seguridad, adelanto, excesivo deseo de posesiones y atracciones carnales.


Durante la Cuaresma, nuestro ayuno, la abstinencia, más intensa oración y reflexión sobre la Palabra de Dios y la penitencia para servir a un propósito. Estas prácticas cuaresmales especiales nos ayudan a volver a enfocar, volver a dedicarnos a quiénes somos realmente en la raíz de nuestro ser. Estas prácticas nos ayudan a ser más plenamente lo que Dios nos ha llamado a ser a través del bautismo – sus hijos y los discípulos de Jesús.


Cuaresma nos desafía a sacudir nuestra fatiga y la pérdida de la autoconciencia para que podamos vivir nuestras vidas con un nuevo entusiasmo y la alegría más profunda. Nuestras prácticas cuaresmales sirven para permitirnos ver más claramente la verdad interior de quién somos, lo que estamos haciendo y hacia dónde nos dirigimos. Nuestras prácticas están diseñadas para ayudarnos a ver la hermosura de las bellezas del mundo creado de Dios y en los lugares y personas en nuestras vidas. Deberían ayudarnos a apreciar el significado más profundo de nuestras actividades ordinarias y de las relaciones en nuestra vida.


Thomas Merton, el famoso autor americano trapense, lo dijo así: "Aquí está el secreto indecible: el paraíso esta alrededor de nosotros y no lo entendemos."


En el transcurso del año, podemos ser satisfechos de vivir vidas superficiales. Cuaresma nos anima a vivir más desde el centro de nuestras vidas que Dios verdaderamente habita y donde vivimos en unión con él. Cuando vivimos con esa conexión más profunda con Dios, somos capaces de obtener satisfacción profunda de cada situación en nuestras vidas. Podemos vivir con una nueva intensidad y estar más presente a la gente que nos rodea y para el trabajo a mano.


Cuando vivimos desde el centro de nuestras vidas, estamos menos aptos a ser desorientado por nuestras cruces y problemas, nuestros éxitos y fracasos. Nuestra serenidad, tranquilidad y felicidad no son dependientes de las cosas externas porque vivimos de la esencia de nuestro ser donde habita Dios y donde él está nuestra ancla.


Nuestra recepción común de cenizas el miércoles de ceniza es un importante recordatorio de que en el plan de Dios que no cultivamos en nuestra relación con él y otro como individuos aislados, sino como miembros de una comunidad de fe. En tener nuestras frentes marcadas con las cenizas y la Señal de la Cruz, nos comprometemos a apoyar y animar a otros en oración, el ayuno, la limosna y otras obras de caridad para que podamos vivir más plenamente en respuesta al amor de Dios revelado en Jesús. Juntos acompañamos a aquellos en el viaje a los sacramentos de la Pascua por primera vez y mutuamente mientras nos preparamos para renovar nuestras promesas bautismales en las Misas de Pascua.

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