Saturday July 20, 2019
4:16 pm

A través de Jesús, nuestra resurrección y nuestra vida, viviremos para siempre

En las lecturas de las escrituras de este fin de semana, el Señor nos recuerda que no sólo nos amaba a existir, pero nos vigila con su providencia Clemente y misericordioso. Además, el Espíritu Santo mora dentro de nosotros ahora y nos ha destinado para la vida eterna. Todos tenemos nuestros retos y cruces. Todavía no hay ninguna razón para estar paralizada por el miedo o ansiedad. Con la presencia constante de Dios dentro de nosotros y el poder del Espíritu Santo, todo lo puede trabajar juntos hacia el bien.


En nuestra primera lectura de Ezequiel capítulo 37, encontramos el pueblo elegido en el exilio en Babilonia en el siglo VI A.C. No tenían la razón más esperanza que nunca volverían casa otra vez. Dios favorecieron a Ezequiel con una visión extraordinaria. En ella, Ezequiel vio un piso amplio valle lleno de huesos secos, inconexos, humanos. Los huesos secos eran símbolos de los exiliados sin vida, descorazonados.


Dios interpretaron la visión: "Oh pueblo mío, abrirá sus tumbas y subida de ellos y llevarte a la tierra de Israel. Entonces conoceréis que yo soy el señor...Pondré mi espíritu en que vives...Te he prometido, y lo haré, dice el señor.» De hecho, ese mismo "espíritu" que se cernía sobre las aguas caóticas en el principio de los tiempos y dio a luz el universo maravillosamente ordenado, restauraría la exiliados a una nueva vida. Tal fue el amor de Dios que buscó consuelo y salvaría a su pueblo.


En el Evangelio, encontramos Marta y María como desanimado como el pueblo elegido exiliado en la primera lectura. Lázaro, su hermano, había muerto. Jesús amaba a Marta, María y Lázaro mucho, pero retrasó va a ellos porque su retraso se convertiría en la ocasión de dar gloria a Dios y un signo de su propia resurrección de Jesús.


Cuando Jesús llegó a la ciudad de Betania, Lázaro ya había estado en la tumba durante cuatro días. Mary le saludó con las palabras: "Señor, si hubieras estado aquí, mi hermano no habría muerto." Jesús le dijo: "tu hermano resucitará". Jesús habló entonces aquellas palabras que están asegurando así para nosotros: "Yo soy la resurrección y la vida; que cree en mí, aunque muera, vivirá, y todo el que vive y cree en mí nunca morirá. ¿Crees esto?"
María profesó como hacemos: «Sí, señor. He venido a creer que tú eres el Cristo, el hijo de Dios, quien está entrando en el mundo"(Jn 11:23-27).


Jesús resucitó a Lázaro de entre los muertos. Él lo liberó de las ataduras de la muerte y dejarlo libre. Jesús es nuestra resurrección y nuestra vida, nuestra garantía de que vamos a vivir para siempre. Como Dios dijo en nuestra primera lectura de Ezequiel: "te he prometido y lo haré, dice el señor". Todo esto es posible porque Jesús conquistó el pecado y la muerte definitivamente a través de su propio sufrimiento, muerte y resurrección.


En nuestra segunda lectura de la carta de San Pablo a los romanos, capítulo 8, San Pablo nos recuerda que la vida de Dios ya habita dentro de nosotros. El Espíritu Santo mora en nosotros y nos libera de una vida egoísta, atada por el pecado. Pablo nos anima a invocar al Espíritu Santo para poder ser verdaderamente vivo y justo, desinteresado, mediante y centrada en Cristo. Como dice Pablo, el Espíritu Santo, el poder vivificante de Dios que resucitó a Jesús de entre los muertos "dará vida a vuestros cuerpos mortales también, a través de su espíritu que mora en ti."


Durante estas últimas semanas cuaresmales, mediante la oración, la participación en la misa, buenas obras y compasivo alcance a otros en necesidad, seamos atentos a la presencia del Espíritu Santo dentro de nosotros. Es el Espíritu Santo quien nos ayuda a cumplir nuestras voluntades más y más a la voluntad de Dios liberador.

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