Monday May 27, 2019
1:36 am

Estamos llamados a compartir el amor de Jesús con alegría y confianza

      En nuestras Misas este fin de semana, prendemos la vela tercera la corona de Adviento, del color de rosa. El color rosa es un signo de alegre expectativa y alegría es el tema dominante en nuestra liturgia. En nuestra Primera Lectura de las Escrituras, el profeta Isaías proclama: "Sinceramente me regocijo en el Señor, mi Dios es la alegría de mi alma; porque él me ha vestido con una túnica de salvación..."

      En el salmo responsorial, oramos el cántico entonado por Mary cuando ella visitó a su prima Isabel: "Mi alma proclama la grandeza del Señor; alegra mi espíritu en Dios mi Salvador..."

      En nuestra Segunda Lectura de las Escrituras, San Pablo nos insta: "Hermanos y hermanas, Regocijan siempre. Oran sin cesar."

      En el Evangelio, Juan el Bautista proclama con alegría que es, que no es y cuál es su misión.

      El tema de alegría tan dominante en las Misas de este fin de semana me recuerda la exhortación apostólica del Papa Francisco, anunciado en noviembre de 2013, "La Alegría del Evangelio." Papa Francisco comienza con estas palabras: "La alegría del Evangelio llena los corazones y las vidas de todos los que se encuentran con Jesús. Aquellos que aceptan su oferta de salvación son liberados del pecado, tristeza, vacío interior y humildad. Con Cristo, alegría constantemente nace nuevamente. En esta exhortación, ojalá animar a los fieles cristianos a embarcarse en un nuevo capítulo de la evangelización marcada por esta alegría, al mismo tiempo señalando nuevos caminos para el viaje de la Iglesia en los años venideros."

      Beato Julian de Norwich testificó a la importancia de la alegría en nuestras vidas: "El mayor honor que puede darle a Dios es vivir con alegría, con mucho gusto por el conocimiento de su amor."

      San Pablo vivió con tanta alegría a pesar de sus muchos golpes, lapidaciones y los encarcelamientos, y exhortó a sus conversos a hacer lo mismo a pesar de sus propios sufrimientos. San Pablo declaró a la fundación de su alegría, que era su profunda experiencia de Dios amando a él y la presencia constante de Cristo a él. "Ahora vivo no sólo yo, pero Cristo vive en mí."

      En la Última Cena, antes de que Jesús dejó el cenáculo para sufrir su agonía en el huerto, fueron las palabras de despedida de Jesús a sus apóstoles: "He dicho estas cosas a ustedes para que mi gozo esté en ustedes y su gozo sea completo" (Juan 15:11).

      En su exhortación apostólica, Papa Francisco invita a todos los cristianos a una renovada y profunda relación personal con Jesús ya que "nadie está excluido de la alegría por el Señor." Papa Francisco nos recuerda que cada vez que damos un paso hacia Jesús, venimos a darse cuenta que él ya allí, nos está esperando con los brazos abiertos. Incluso después de que hemos pecado, Jesús nos espera con una ternura que nunca defrauda. Siempre está ansioso por recuperar nuestra alegría y hace posible para nosotros levantar nuestras cabezas para empezar de nuevo.

      Papa Francis comparte esto texto animador del Profeta Sofonías (3:17): "El Señor, su Dios, es en su seno, un guerrero que les da la victoria; se regocijará sobre ustedes con alegría, que él les renovará en su amor; él se exaltará sobre ustedes con cantando fuerte, como en el día de fiesta."

      Papa Francisco nos recuerda que ser cristiano no es el resultado de una elección ética o de una idea noble, pero está principalmente en nuestra profunda relación amorosa con Jesús quien nos libera del pecado, la estrechez y el ensimismamiento. En Jesús, nos convertimos en plenamente humanos como dejamos que Dios nos traiga más allá de nosotros mismos para alcanzar la plena verdad de nuestro ser. Vamos a experimentar que la vida crece por ser regalado y se debilita en el aislamiento y la dependencia de las comodidades materiales.

      Como San Juan Bautista en nuestra lectura del Evangelio, Papa Francisco nos apunta en la dirección de Jesús y nos insta a que nos sumergemos en su amor. Sin embargo, Papa Francisco va más lejos. Él nos recuerda que somos bautizados para la misión, es decir, para compartir el amor de Jesús con otros. Dice que lo hagamos con alegría y confianza: "Nadie puede recibir la buenas noticias de evangelizadores que son abatidos, desalentados, impacientes o ansiosos...Cuidado con los cristianos cuyas vidas parecen como Cuaresma en lugar de Pascua." Papa Francisco insta a nosotros que demos la bienvenida a la gente a la vida y la energía del Evangelio como antídoto a la desesperación y el cinismo del mundo.

      Como comenzamos la segunda mitad del Adviento, escuchemos las palabras que del Señor nos habla a través de las lecturas en la misa y para el estímulo Papa Francisco nos da para profundizar nuestra relación amorosa con Jesús y para compartir el amor de Jesús con otros en un genuino espíritu de alegría.

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