Monday September 23, 2019
11:22 am

Todos están llamados a reconocer la dignidad y el valor de cada ser humano

      Este lunes pasado tuve la alegría y la bendición de acompañar a nuestras hermanas de las Misioneras de la Caridad en sus visitas domiciliarias. Visitamos a un hombre joven que está totalmente paralizado en la cama debido a las lesiones que sufrió hace diez años cuando él guardó la vida de una muchacha ahogándose. Vimos a una joven madre que cría a sus hijos a pesar de muchos obstáculos físicos y materiales en su vida. Hablamos con una mujer joven que, a pesar de ser limitada, en silla de ruedas encuentra alegría en el amor de familiares y amigos que le rodean. Esa noche fui a cenar con una hermosa familia joven cuyo esposo o padre tiene ALS.

      En todas estas personas increíbles me encontré con el Cristo viviente! Ninguno de ellos sentía lástima por ellos mismos, expresó su enojo o incluso parecía triste. Todos ellos habían trabajado por el misterio y la tragedia de su sufrimiento crónico y habían llegado a un lugar sagrado de paz y aceptación. Todos ellos hablaron del significado de la Cruz de Jesús y la esperanza de que la fe y la oración les da. Fue realmente un día bendito.

      Cada uno de estos encuentros notables me enseña la dignidad y la belleza de la vida humana. Personas pueden vivir en las circunstancias más difíciles y dolorosas, soportar crónicas sufren más allá de la imaginación, experiencia de tragedias y contratiempos de romper el corazón y todavía aún, triunfo de amor y esperanza. Fe en el Señor, que sufre con nosotros en la tierna compasión, nos lleva en el poder transformador de su sagrado corazón y nos muestra ahora que la gloria de la vida eterna es el secreto de tales victorias asombrosas.

      Yo no puedo ayudar pero contrastar tal trascendencia humana inspirador con las realidades oscuras y terribles que aquejan a nuestra nación y mundo. Estábamos todos horrorizados al ver los videos de Planned Parenthood en que la gente cruelmente habló sobre la venta de partes del cuerpo de los niños abortados durante un almuerzo de pasta y de risa. Y muchos de nuestros líderes no sólo toleran tal mal sino defenden. La tasa de homicidios en muchas de nuestras ciudades es tan alta come el cielo este año; gran parte de ella está relacionada con las pandillas, las drogas, la pobreza y niños que crecieron en una cultura de violencia y desamor. Isis y otros grupos terroristas siguen infligiendo tortura, destrucción y matanza en el mundo; miles de personas han muerto a causa de su fe en Cristo Jesús y miles más han sido expulsadas de sus hogares, todo lo que alguna vez poseyeron como huyen por sus vidas perdiendo. Más personas parecen ser caer en la pobreza, como salarios bajos ingresos les impiden de jamás romper el círculo vicioso que atrapa.

      Como seguidores de Jesús crucificado y resucitado, abrazamos el evangelio que ofrece la plenitud de la salvación, gozo, sentido, justicia y misericordia, no sólo en la próxima vida sino aquí y ahora. El tenor de nuestros tiempos exige que hagamos una elección fundamental una y otra vez: la decisión de vivir para que Dios, para abrazar nuestra propia dignidad como hija o hijo del Padre, a conscientemente actuar para levantar a los que nos rodean, a virtud de abrazo, oración, buenas obras y amor como el significado mismo de nuestra existencia. No podemos permanecer moralmente neutrales en un mundo que, a pesar de algunos grandes avances en los derechos humanos, el respeto y dignidad, todavía queda demasiado sumida en racismo, pobreza, violencia, ignorancia de Dios y un malentendido fundamental de la gloria y la vocación de la persona humana.

      Cuando pienso en todas las personas que encontré el lunes pasado, comenzando con las hermanas en la misa a las 7 de la mañana y terminando con una alegre cena familiar, me doy cuenta de que cada uno de ellos irradia alegría, bondad, vida y Dios. Era casi como si fueron dadas vuelta adentro hacia fuera y pude ver la belleza y la luz de sus almas. Santa Teresa de Ávila nos recuerda que Jesucristo está sentado en el trono de su gloria en el centro de nuestras almas, que incluso en una persona que está en pecado grave, Dios sigue presente. Ella compara el alma humana al árbol de la vida en el centro del jardín de Eden y la zarza ardiente que atrae la atención de Moises. Dios está fundamentalmente más cerca de nosotros que estamos a nosotros mismos, por lo que para descubrir a Dios, debemos ir profundamente dentro y allí descubrir el resplandor del alma, este "Castillo Interior" hecho de cristal y brillando con la gloria de Dios.

      Cuan diferente nuestro mundo sería si todo el mundo podría reconocer esta verdad importante: la dignidad y valor de cada ser humano, creado a imagen y semejanza de Dios, a amar y ser amado, destinados a la vida eterna, brillando más maravillosamente que el sol naciente! Esta visión del Reino de Dios, en el misterio de la carne humana, explica la verdad, la belleza y la bondad de Jesucristo y nuestros mismos. Como dice San Pablo, tenemos este tesoro en vasos de barro. ¡Qué tesoro! Qué vaso!

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