Monday July 22, 2019
6:30 pm

Lección que debe ser aprendida por medio de Cristo total obediencia al Padre hasta la muerte en la cruz

Tal como se publicó en el Noroeste de Indiana Católico en Abril 9, 2017

 

       A lo largo de los Evangelios, Jesús reitera firmemente un tema central de su misión: él ha venido a la tierra para hacer la voluntad del Padre celestial. Sus largas noches de oración íntima, la ampliación de días de ministrar a las multitudes, sus ayunos y fiestas, sus lágrimas y risas todos expresan el deseo fundamental de Jesús para cumplir lo que el Padre ha pedido de él. Esta obediencia radical a la voluntad divina culmina en los acontecimientos de la Semana Santa.

       Después de la Transfiguración, Jesús establece resueltamente su mirada en Jerusalén, caminando hasta la ciudad sagrada para intencionalmente abrazar su pasión y muerte. A lo largo del camino, él habla conmovedoramente del destino que le espera, alerta a sus seguidores de futuras persecuciones y sufrimiento, pero también asegurando que la gloriosa resurrección espera justo al otro lado. 

       Si las multitudes saludarlo con adulación y hosannas el Domingo de Ramos, o gritar pidiendo su crucifixión el viernes santo, Jesús es firme y fiel a la voluntad de Dios que se revela en su vida.  Reveladoramente, él pide al Padre para que esta copa de sufrimiento pase por él en el Jardín de Getsemaní, pero finalmente se rinde a la violenta secuencia de acontecimientos terribles envolviendo a él. 

       Podemos aprender mucho de la obediencia total de Cristo. En nuestra época, la obediencia es a menudo considerado como opresivo, aplastante e ilógica. Especialmente como estadounidenses, nos resistimos a dejar que nadie nos diga qué hacer. Esta actitud está codificada en el ADN de nuestra historia política y social. 

       Mientras que la obediencia nunca debe ser ciego, sin cuestionar o fanáticas, hacemos conocer la voluntad manifiesta del padre en lo que se nos pide por parte de la autoridad legítima. Los padres, maestros, jefes, líderes y pastores de todo tipo nos pide hacer muchas cosas y lograr grandes proyectos. Si nos ponen reparos a estas solicitudes adecuadas a nuestro tiempo, energía y talento, ¿cómo podríamos aprender a obedecer a la voluntad del Padre?

       En todas mis tareas pastorales, como sacerdote y obispo, tengo sólo una vez se resistió a ir a la parroquia a la que el sacerdote la colocación junta quería mandarme. Yo insistí en mi propio camino, consiguió lo que pensé que quería, y terminó siendo frustrados y miserables. La única vez que no era dócil a la voz de la Iglesia, condujo a la única (período que fue afortunadamente corta) de mi sacerdocio cuando yo no estaba completamente feliz y cumplido.

       He aprendido una importante lección, tan dolorosa como lo fue.

       De nuevo, la obediencia no significa que no podamos pregunta, el diálogo, el discernimiento, la voz de otras opciones o pensar a través de estrategias alternativas o posibilidades. Lo que sí significa, después hemos hablado nuestra mente y nuestro corazón, que haremos lo que se nos pide si uno hace la pregunta tiene un reclamo legítimo sobre nosotros, ha auténticamente escucharon nuestras preocupaciones, y lo que se nos pide que hagamos no es moralmente incorrecto o perjudicial para sí mismos o a otros.

       Uno siempre puede salir un trabajo si el jefe es insoportable, pero qué profesión, vocación o empleo no requieren alguna forma de abnegación, la disciplina de la voluntad y de la aceptación de la autoridad?

       En el ámbito espiritual, la obediencia nos hace libres a ser hijos de Dios en la fe, la palabra y la acción, que es nuestra más profunda identidad y propósito fundamental. Escuchar a Dios en la oración, la lectura de las Escrituras meditatively, estudiando las enseñanzas de la Iglesia, al servicio de las necesidades de los demás y perdonar a  aquellos que nos hirieron profundamente son prácticas que nos formamos como discípulos de Jesucristo que han oído la voz del Señor, el corazón de un siervo, y un alegre hará que sólo quiere lo que Dios quiere. 

       Cuando se entrega totalmente a la voluntad del Padre, se descubre la alegría, la paz y el propósito que desterrar la auto-lástima, el miedo, la tibieza, la pereza y la tristeza. Llegamos a ser siervos vigilantes esperando el regreso de su amo que habla el Señor en el Evangelio. La verdadera obediencia nos libera a "Haced lo que él os diga", como María le dice a los comisarios en las bodas de Caná.

       Todos hacemos cosas que nos resistimos a hacer: levantarse de la cama a tiempo, va a trabajar con un dolor de cabeza, la limpieza de la casa desordenada, sentarse en una aburrida reunión, escucha una queja razonable, o ser amable cuando en realidad estamos enojados. Estas acciones generosas, lo que va en contra de nuestra propia voluntad, fortalecer nuestro disciplinado resolver para hacer la voluntad del Padre. Cada día trato de intencionalmente hacer algo que puedo resistir, simplemente para ejercer y fortalecer mis músculos en la docilidad y la obediencia.

       Mientras celebramos la hermosa liturgia de la Semana Santa, contemplar la bella verdad de que todo lo que Jesús dice, ¿y que perdura en estos últimos días de su vida terrena es una expresión de su apasionado deseo de hacer la voluntad del Padre. 

       Y ¿qué es eso?  Que seamos salvos de nuestros pecados y de la muerte eterna, que todos estamos viviendo en el Reino de los cielos para siempre, que incluso ahora, pudimos apreciar la tentadora la alegría de la vida resucitado y ser liberado de todo aquello que nos pesa. 

       Dios quiere nuestra felicidad y salvación más que incluso queremos para nosotros. Qué maravilloso es este amor, que Dios le permite a su hijo a sufrir la vergüenza y la muerte, a fin de que podamos ser libre para toda la eternidad? 

       Te adoramos Oh Cristo y te bendecimos, porque por tu santa cruz redimiste al mundo.

 

       + Donald J. Hying

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