Monday September 16, 2019
4:44 am

A través de la muerte salvadora de Cristo, aprendemos que no hay lugar para la exclusión ni el odio

Tal como se publicó en el Northwest Indiana Catholic en Agosto 27, 2017

 

       Vivimos en tiempos muy inquietantes y violentos. Sólo en las últimas dos semanas, la locura en Charlottesville, Virginia tomó tres vidas y muchos heridos; el terrorismo en España, 13 muertos y un centenar de heridos, personas al azar fueron apuñalados en Finlandia; los policías fueron baleados en diferentes ciudades y CBS News corrió un especial detallando la eliminación de niños con síndrome de Down en Islandia a través de aborto sistémico. 

       Todos los autores de esta violencia la justifican en nombre de una ideología, sea racismo, fascismo, fanatismo religioso, o incluso una redefinición de cuales vidas cuentan.

       Durante mucho tiempo hemos sido testigos de una creciente polarización en nuestro país y el mundo, donde un intercambio racional y respetuoso y discusión de ideas y creencias se ha vuelto casi imposible. Tristemente nosotros vemos un tribalismo que necesita el desarrollo de un chivo expiatorio, para demonizar e incluso destruir a quienes no estan de acuerdo con el grupo actual de un criterio limitado.

       La función de corrección de nuestro gobierno y el equilibrio de un sistema de dos partidos se han derrumbado casi hasta el punto de completa parálisis. Los insultos, la difamacion, y el odio exhibidos por algunos de nuestros dirigentes, han creado un entorno de intenso pesimismo, temor y desconfianza. Independientemente de nuestro punto de vista político, todos estamos de acuerdo en que los fundadores de nuestra nación tenían algo mejor en mente que lo que estamos sufriendo actualmente. 

       Veo la misma dinámica en la Iglesia a veces. Algunos prelados que hacen juicios negativos de aquellos que no estan de acuerdo con sus opiniones sobre cuestiones doctrinales, pastorales o políticos influyentes, teólogos y escritores que cuestionan los motivos de quien tenga un punto de vista diferente de la suya, y los ministros eclesiales que aislan y marginan a quienes tienen una eclesiología o espiritualidad diferente; todos contribuyen a una cultura de polarización, confusión, miedo y división que no es la mente y el corazón de Cristo.

       La mayoría de las personas son lo suficientemente inteligentes como para tener una opinión matizada de asuntos importantes. La economía, la pobreza, la sexualidad, la inmigración y la religión son realidades complejas que desafían las evaluaciones y juicios simplistas. Sin embargo la polarización creada por extremistas de tribalismo desestima conclusiones reflexivas. Si usted questiona algo que el lado izquierdista promueve, usted es un intolerante promotor de odio.  Si usted questiona algo que el lado derecho promueve,  usted es un liberal ridiculo con la intencion de destruir America.

       Puedo cuestionar algunas de las injusticias del capitalismo sin ser socialista. Puedo estar en contra del aborto sin estar en contra de la mujer. Puedo tener opiniones sobre el terrorismo sin ser Islamofobico. Puedo apoyar un compromiso razonable sobre la cuestión de la inmigración ilegal sin ser etiquetado como nada, pero un ciudadano preocupado y reflexivo. Puedo sostener la enseñanza tradicional de la Iglesia sin ser rígido. 

Como sociedad, hemos permitido a los dos extremos que definen el debate nacional y la agenda social por mucho tiempo con resultados devastadores e incluso mortales. La mayoría de nosotros que vivimos en medio de las cosas complejas necesitamos reclamar las dificultades y el bien común.

       El sábado, 9 de septiembre, a las 10.00 en nuestra catedral, los invito a que nos unamos para celebrar una misa por la paz, la sanación y la justicia en nuestro país y en nuestras comunidades. Tenemos que unirnos y orar por nuestra nación, el mundo y la Iglesia. Los obispos han elegido este día como adecuado, porque es la fiesta de San Pedro Claver, patrono de la justicia racial. Un jesuita español, Claver viajó a Colombia a la altura del comercio de esclavos del mal.

       No contento con simplemente condenar la dehumanizacion racista de africanos esclavizados, el santo entraba en la bodega de los barcos de esclavos segun hiban llegando, y ofrecia alimentos, medicina y amor a esas personas oprimidas que estaban en medio de un infierno. Su ejemplo de amor, compasión y justicia todavía nos anima hoy .

       Como cristianos, debemos ser cada vez más sacrificados y valientes, atrevernos a amar a todos, viviendo en la reconciliación y la paz, evitando todo tipo de violencia, odio, y polarización. Tenemos que estar dispuestos a abrazar el diálogo y el compromiso en la medida de lo posible, negandonos a etiquetar y marginar a otros. 

       La Iglesia establece para nosotros la ruta transformadora del Evangelio en la obediencia y la imitación de Jesucristo, quien puso su vida por nosotros en la cruz, y logro nuestra salvación al tomar el odio y el mal de la humanidad. En Cristo, Dios mismo se convirtió en el chivo expiatorio, el criminal, el rechazado y asesinados con el fin de sanar la herida para siempre de nuestro odio violento.

       Por la muerte salvífica de Jesús, no debemos excluir a nadie. Por su perdón no debemos aborrecer a nadie. Por su vida dentro de nosotros, debemos amar a todos. La infinita misericordia que fluye de la Cruz es lo unico que nos puede curar en esta duro y terrible momento. 

       Nos atrevemos a esperar y luchar por paz, justicia, misericordia y verdad, porque este amor nunca falla.

 

       + Donald J. Hying

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