Thursday November 21, 2019
10:16 pm

Abrazar cierto placer en nuestras vidas crea espacio sagrado para la contemplación a florecer

Tal como se publicó en el Noroeste de Indiana católica en Enero 21, 2018

 

       Nuestra experiencia humana común es tan misterioso, grande, sorprendente, gozosos, dolorosos, significativos, confuso y hermosos, que cada uno de nosotros necesariamente preguntarse acerca de todo. La niña que de repente es grave para un momento y pide una profunda pregunta sobre Dios. Los moribundos mujer que convierte a su esposo y preguntas, "No te amo lo suficiente?" Los momentos de la vigilia de la noche, cuando nos preocupamos y orar acerca de un ser querido. Ver una puesta de sol con un amigo y simplemente dejar hablar al silencio.

       Siempre nos encontramos con frecuencia proceden a la contemplación, a reflexionar en el estupor el gran misterio de la vida, dándose cuenta de que lo que queremos captar y entender es sólo la mera superficie de nuestro increíble realidad.

       Recientemente he descubierto un interesante blog desde el Instituto de Clapham, escrito por Michael Metzger, que explora la contemplación como de la fundación de la cultura a través de los pensamientos de Josef Pieper, un filósofo Católico Alemán.

       Metzger escribió, "Pieper cree que el mundo occidental ha olvidado la naturaleza de ocio. No es retirarse a Florida y perseguir pelotas de golf. No es viajar a lugares exóticos… no es un día de descanso. El ocio es para percibir la realidad. Ocio es la contemplación y la contemplación religiosa significa mcon. La religión es para volver a enlazar. Mcon está ponderando, percibir cómo el universo está ordenado. "El ocio es una actitud de la mente y la condición del alma", escribe Pieper, "que fomenta la capacidad de percibir la realidad del mundo. El ocio ha sido y será siempre la primera fundación de cualquier cultura".

       Me ha sorprendido durante esta temporada de Navidad recientes por dos líneas en las Escrituras: "Ellos (los Magos) se postraron y le hizo homenaje." (Mateo 2:11), y "Su madre guardaba todas estas cosas en su corazón" (Lc 2:51)

       Estos relatos hablan de la verdad y la fuerza de la contemplación. El acto culminante, el destino del arduo camino de los Reyes Magos, fue a contemplar en el estupor de la simple realidad del niño Jesús. Estos hombres poderosos se inclinó en adoración ante un misterio sus mentes no podía entender pero sus corazones ya había percibido cuando la estrella emergió.

       María guarda y medita en su corazón las experiencias y eventos relacionados con su hijo. Como los Magos, su postura es de asombro ante la gloria de Dios revelada en el misterioso niño concibió, cavidad y alimentada.

       Todas las cifras de las Escrituras, desde Adán y Eva hasta los redimidos del Apocalipsis, todos los santos, de Simón Pedro a la Madre Teresa y de nuestras propias experiencias humanas nos enseñan que la vida es acerca de ser primero antes de actuar, que primero debemos recibir antes de que podamos dar, Que la gracia se encuentra con nosotros con el don de la Divina Presencia antes incluso estamos lo suficientemente maduros para comprender qué, o más, que se nos ofrece. Una vez que entendemos esta dinámica fundamental de la gracia, al celebrar la Eucaristía, pasar tiempo en meditación, reflexionando sobre la belleza del mundo, saboreando el amor humano, orando a través de las Escrituras, contemplando el santísimo Sacramento dejan de ser deberes religiosos realizados para agradar a Dios. Ya no miramos a tener "algo" fuera de la oración o la Misa porque hemos llegado al lugar sagrado, listo como los Magos, para adorar, contemplar y ofrecer nuestros dones. Ya no se trata de nosotros. 

       Como María y los Reyes Magos, nosotros instintivamente inclinarse en adoración y alabanza ante la belleza, la verdad y la bondad del Señor, sabiendo que nuestra respuesta de asombro y de homenaje nos humaniza y nos libera para amar y servir a los demás, como hemos sido amados por Dios graciosamente más allá de lo que podríamos imaginar, articular o merecen. 

       En noviembre del año pasado, cientos de jóvenes de nuestra diócesis se sumaron 24.000 hermanos católicos de todos los 50 estados en la Conferencia de la Juventud Católica Nacional en Indianápolis. Como siempre, el destaque fue el servicio de adoración eucarística en la noche del viernes. Tecnológicamente avezados, muy activa y muy inteligente jóvenes ponderó el Cristo eucarístico en la absoluta maravilla y silencio, feliz de estar desconectados de sus dispositivos por un tiempo y se conecta a un santo misterio que percibida intuitivamente y abrazado.

       En nuestra sociedad de actividad frenética, movimiento constante, ruido incesante y conexión tecnológica virtual, la contemplación, el silencio y el asombro parece casi imposible realidades. Sin embargo, sin ellos, en última instancia, perder nuestra relación con Dios, una comprensión profunda de nosotros mismos como divinamente amado y talentoso y la capacidad de amar a otros de manera auténticamente humana. Si no podemos abrazar cierto placer, que crea el espacio sagrado para la contemplación a florecer, Joseph Pieper diría que eventualmente perderemos nuestra mente y nuestra cultura.

       Tal vez Dios nos está llamando a apagar la televisión y jugar a un juego con nuestros hijos. En lugar de escuchar la radio en el coche, me rezar el rosario en su lugar. Ayuda enormemente en tratar con inquietantemente grosero controladores y dolorosamente largo las luces rojas.

       Tal vez el Señor quiere vernos menos activos y estresado y más tranquila y alegre. Quizás el Domingo podría convertirse realmente en el Sábado de nuevo y no sólo un día para hacer deporte y ponerse al día en la semana.

       Dios está llamando a ti y a mí para hacer algunos cambios fundamentales en nuestras vidas para que podamos respirar más libremente y saborear el gran don de ser, como Dios mismo hizo en el séptimo día? Me pregunto. Preguntando es un buen lugar para comenzar.

 

       + Donald J. Hying

 

 

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